lunes, 11 de mayo de 2015

Homicidio involuntario.

Lo cogió y sin más salió de casa. Se dirigió hacia la suya, Sabía que se encontraría allí, mirando su teléfono sonriendo, pensando que era tan grande que ni ella podría acercarse a plantarle cara. Estaba equivocado.



Llevaba ya algún tiempo siendo un poco extraño. Ella le seguía amando como el primer día pero por algún extraño motivo, él decidió someterla a una serie de pruebas diarias. Si las superaba, estarían juntos; si no, pues no. Ella no lograba entenderlo pero así era. Y él, tampoco lo entendía. Solo sabía que disfrutaba viéndola correr de un lado para otro, arrastrándose, y solo sabía que quería más y más aunque ella no pudiera dárselo. Y perdía. Perdía tantas veces que hacía semanas que no le veía un rato a solas. Llegó incluso a pensar que había otra. Nada tenía sentido. No entendía porqué ser así por la felicidad mutua. Solo sabía que debía pasar todas esas pruebas una y otra vez.